Angelito quebrado, de trémulas alitas,
tus incrédulos ojos, si siquiera se agitan.
De un zarpazo increíble te arrancaron la vida,
pero siguió en tu pecho, allí, hondo, muy hondo,
tu corazón herido, latiendo, ¡Ah, latiendo!
y tu almita sufriendo, y muriendo, muriendo...
No te conozco, hijita, no te puedo tocar,
mas quisiera llevarte por el cielo a volar
y aferrada a mis alas, la paz poderte dar.
Con mis manos quisiera poderte acariciar,
a tu cuerpo de ángel, aliviar, aliviar...
y tu dolor gigante, calmar, calmar, calmar...
Quisiera devolverte, Irma desconocida,
a tu mamá querida que ya no volverá,
y decirte segura, y firme la mirada
que fue ua tempestad. (La guerra, acaso¿es tal?)
....y que lo que viviste y te puso tan triste,
ha sido sólo un sueño, un sueño, ¡nada más!
(A Irma, de Sarajevo, de cinco años de edad)
Reina E. Bentancor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario