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Amigos, que este sea nuestro punto de encuentro, donde juntos podamos reír, llorar, curar nuestras heridas,...en fin transitar momentos por la vida juntos. Sólo algunas veces mi alma puede expresarse por medio de una pluma y esos escritos son los que aparecen sin firma, las más de ellas se siente identificada con los que saben decir las cosas maravillosamente; compartir esos pensamientos aquí, es también una manera de abrir mi alma para ustedes, mostrarles como soy, como pienso y siento. Déjenme entrar en vuestras vidas, ¡quiero estar ahí! Con Amor: Carmen

"EXITO ES AMAR LA VIDA Y ATREVERSE A VIVIRLA" (Maya Angelou)

viernes, 23 de abril de 2010

FLOR HERIDA

Señor, tú me diste un capullo
para que lo cuidara.
Yo quería un jardín rozagante
sin ojas secas, sin otoño,
saludable y hermoso.
Y me diste un capullo
suave y bello, pero delicado,
tanto que un viento frío lo enfermaba.
Yo extremé los cuidados:
Lo regué, lo protegí del cierzo
lo rodeé con mis manos.
Pero el capullo blanco y delicado
se moría.
Airada protesté por el capullo,
pero mucho más por mí.
Lancé mi voz al viento preguntando
"¿por qué yo, Señor, por qué mi flor?"
Tú guardabas silencio; al menos no te oí.
Los gritos de mi angustia acallaban tu voz.
Sin pausa, el viento frío de los días
fue deshojando el cáliz
tierno y sedoso de mi pequeña flor.
Y cuando al fin, e una madrugada
su corola impoluta se abatió en el silencio
mis ojos fueron ríos y mis manos temblor.
Entonces, en el árido silencio de mi valle
tu voz, como un silbido, me llegó al corazón:
"No te desangres más por tu inocente rosa,
sus débiles raíces se hundieron en mi corazón;
mi ángel guardará tu pequeña parcela
y en el huerto renovado volverá a florecer.
¿Pero entiendes ahora el dolor que he sufrido
al ver mi propio vástago padecer y morir?...
¡Qué inclemente la lanza clavada en su costado;
qué injustos los clavos que horadaron su piel!
¡Toda muerte me hiere; toda herida me mata.
En el dolor del hijo muchas veces morí!
Levanta tu cabeza, yo enjugaré tu llanto
sin defecto, tu rosa volverá a florecer;
no llevará las huellas odiadas de la muerte
y en sus pétalos puros sólo habrá perfección.
Mas, en las manos nobles y rudas del Cordero
estarán para siempre las huellas de la Cruz."
Bajé la cabeza. Sin palabras quedé.
Sentí que la vergüenza
invadía mi rostro y mi mente el pesar,
y me vi abochornada,
clavando con mis manos
los clavos de la Cruz.
Comprendí la soberbia entonces de mis quejas
y el viento de la tarde se llevó mi oración:
¡Que tus huellas eternas mi flor y yo besemos
al cruzar de aquel huerto felices el umbral!
Graciela Bentancor.

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