Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas;
envuelto entre las sábanas de espuma,
¡llevadme con vosotros!
Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas;
arrastrando en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas;
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme, por piedad, a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria...
¡Por piedad!...¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!
Como guarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
yo quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor.
Mas hoy le llamo en vano, y oigo al tiempo
que le agotó, decir:
¡Ah, barro miserable, eternamente
no podrás ni aún sufrir!"
Gustavo Adolfo Bécquer.
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