
No es fácil volver sobre nuestros pasos y recopilar momentos pasados...aún más cuando no son gratos. Pero yo diría que es una tarea necesaria para sanear el espíritu y comprender, ya desde afuera, que en cada momento se hizo lo mejor que se pudo con las herramientas que se tenía a la mano.
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Esa joven adolecente aún, se sintió alagada cuando él le declaró su amor, que había nacido casi sin ella haberlo percibido. En realidad no era algo que se hubiera propuesto, pues todavía su corazón no despertaba realmente al amor y jugaba y reía en su alma de niña. Pero justamente esa forma alocada, extrovertida, alegre y divertida, había logrado atraerlo y deslumbrarlo, sobre todo por opuesta a la suya. Ella vio entonces surgir en su vida impregnada de monotonía, algo nuevo, agradable, que la hacía sentir bien y comenzó a dejar fluir un sentimiento que fue creciendo día a día hasta que él se convirtió en su primer amor y en su primer hombre.
Con la inocencia perdida llegó también la desilusión...comprendió que el decir te quiero no siempre significa amar y sintió por primera vez la daga del desamor clavarse de un solo golpe en su corazón y atravesar su alma...comprendió que los hechos suelen herir mucho más que las palabras hasta llegar a romperte en mil pedazos y convertirte en nada.
Quizá fue porque quiso expiar la culpa de sentirse deseada, de no haber sabido despertar amor, (sin saber que ese es un sentimiento indoblegable que nos maneja a su antojo), que creyó que su deber era someterse a él entregándole sumisamente su juventud, su esencia de mujer que floreció en tres hermosos retoños. Durante muchos años fue esposa y madre sin emitir una queja, despojándose de todos sus deseos y entregada con pasión a su destino mientras día a día ríos de lágrimas corrían a la vera de su camino por no entender las extrañas razones de su suerte.
Alma de Mujer
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Esa joven adolecente aún, se sintió alagada cuando él le declaró su amor, que había nacido casi sin ella haberlo percibido. En realidad no era algo que se hubiera propuesto, pues todavía su corazón no despertaba realmente al amor y jugaba y reía en su alma de niña. Pero justamente esa forma alocada, extrovertida, alegre y divertida, había logrado atraerlo y deslumbrarlo, sobre todo por opuesta a la suya. Ella vio entonces surgir en su vida impregnada de monotonía, algo nuevo, agradable, que la hacía sentir bien y comenzó a dejar fluir un sentimiento que fue creciendo día a día hasta que él se convirtió en su primer amor y en su primer hombre.
Con la inocencia perdida llegó también la desilusión...comprendió que el decir te quiero no siempre significa amar y sintió por primera vez la daga del desamor clavarse de un solo golpe en su corazón y atravesar su alma...comprendió que los hechos suelen herir mucho más que las palabras hasta llegar a romperte en mil pedazos y convertirte en nada.
Quizá fue porque quiso expiar la culpa de sentirse deseada, de no haber sabido despertar amor, (sin saber que ese es un sentimiento indoblegable que nos maneja a su antojo), que creyó que su deber era someterse a él entregándole sumisamente su juventud, su esencia de mujer que floreció en tres hermosos retoños. Durante muchos años fue esposa y madre sin emitir una queja, despojándose de todos sus deseos y entregada con pasión a su destino mientras día a día ríos de lágrimas corrían a la vera de su camino por no entender las extrañas razones de su suerte.
Alma de Mujer
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